lunes, 3 de enero de 2011

El tan esperado Encuentro...

Noche tras noche, buscando entre las penumbras tratando de encontrar a “La Durmiente” como dijo POE en su poema “A la medianoche, en la casa de junio, suave y bruna,
Permanecí de pie bajo aquella mística luna.”, esperando ver su reflejo en la luna y así, conocer a la que sería mi eterna compañera.

Espere por muchísimo tiempo, aun no se con certeza cuanto tiempo fue, sobrevivía pero me costaba vivir, no quería permanecer solo en este mundo de penumbras al cual me confinó mi creador. Deseaba encontrar a aquella durmiente que sería la compañera de este desdichado vampiro el cual no hacía más que esperar por su amada, aquella que padecía el mismo mal por el cual estábamos condenados a beber sangre, o moriríamos…

Una noche de mayo, cuando ya mi esperanza estaba a punto de darse por vencida y mi razón comenzaba a pensar que aquella criatura era solo un mito, apareció en el reflejo de la luna llena, la silueta de un rostro hermoso el cual nunca olvidare, era ella, tal cual la había imaginado desde que mi creador pronuncio su nombre.

Era tan hermosa que no podía creer lo que mis ojos, cansados de tanto esperar estaban presenciando, la hermosura de una mujer, de tez blanca, ojos negros, cabello oscuro, y con una sonrisa a la cual ningún ser humano o vampiro podría resistirse, era mi eterna compañera, estaba allí, podía sentir su presencia, hasta podía percibir su olor, ese aroma tan dulce que me hacia volar, viajar en el tiempo, era ella mi eterna acompañante.

Fui en su encuentro tan pronto como me fue posible, y al verla, por unos segundos solo pude permanecer inmóvil, maravillado por su belleza. Después de unos momentos exclame: ¿eres tú en realidad o solo estoy desvariando?, -¡si contesto!- mi nombre es Will Raven y he estado esperándote, no se por cuanto tiempo, le hice saber todo lo que sentía por ella y solo respondió:- ¡ He aquí a tu eterna acompañante ¡ -, solo pude permanecer atónito, mientras ella sonreía, me miro y en sus mirada pude ver que era hora de dejar de sufrir y comenzar a vivir otra vida.

La invite a caminar para irnos conociendo un poco y accedió de inmediato, no lo puedo negar, estaba tan emocionado por haber encontrado a la mujer que mi creador había descrito como mi eterna compañera, era tan emocionante caminar a su lado, charlar; las cosas se tornaban más fascinantes y aunque ya las conocía y las había observado muchas veces, en este momento parecían más interesantes y tenían un cierto resplandor que nunca a antes había visto o tal vez solo era que ahora veía las cosas de otro modo o que se yo, pero lo cierto es que era fascinante y no acaba ahí. . .

La hermosa mujer que había aparecido ante mí, lucía una vestido negro, de finas telas y era de una época muy antigua, pero destellaba cuando ella caminaba o al menos así lo apreciaba yo, estaba tan cautivado por la belleza de aquella mujer que no podía mirar otra cosa que no fuese ella, y para ser sincero no deseaba hacerlo, me sentía como encantado por aquella mujer, que solo deseaba permanecer a su lado, caminando por la ciudad sin hacer otra cosa que no fuera admirarla…

La noche era joven, y la sensación que ella provocaba en mi era tan fuerte que no podía apartar mí vista de ella, el solo verla caminar despertaba en mi, emociones que nunca antes había sentido y me exaltaba tanto que no podía esconderlo. Estaba realmente conmocionado por tan preciosa mujer.

Transcurrió la noche mientras nosotros caminábamos, charlábamos y conocíamos más uno del otro. El alba nos tomo por sorpresa y debimos retirarnos hacia nuestros ataúdes, con la promesa de que a la noche siguiente continuaríamos con nuestra “cita”, por así llamarlo.

Mientras dormía, miles de imágenes se presentaron ante mí, imagine como sería mi vida al lado de esa mujer, vi mi destino a su lado y solo pude suspirar mientras repetía su nombre incontables veces.
La noche cayó en la ciudad y volvimos a encontrarnos, como dos adolescentes nos mirábamos uno al otro y una risa de nervios nos atacaba, era como en las películas.

Pasamos algunas noches juntos, victimando en las afueras de la ciudad, mientras disfrutábamos la mutua compañía, era tan fabuloso que no podía creerlo.
Una noche tras otra compartíamos uno con el otro, experiencias pasadas, y éramos uno mismo.
Lo que sucedió en ese inesperado momento durara por la eternidad

Espero sigamos viéndonos…

No hay comentarios: